Los títulos de deuda venezolana han vuelto a captar la atención de los inversores globales en los primeros días de 2026 tras la operación militar estadounidense del 3 de enero, que resultó en la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores del país, un hecho que ha introducido un nuevo e inusual factor de incertidumbre en los mercados.
El segmento de bonos soberanos y de la estatal petrolera Pdvsa —ambos con pagos incumplidos desde hace años y considerados de alto riesgo— ha experimentado fuertes alzas, replicando la tendencia que ya se observaba en 2025.
La reversión de sanciones al comercio secundario en 2023 y la inclusión de estos bonos en índices de referencia como los de JPMorgan Chase & Co. ayudaron a desencadenar una recuperación significativa en los precios durante el año pasado, con retornos que duplicaron el valor inicial hasta rondar cerca de 20 centavos por dólar para muchos títulos.
La extracción de Maduro ha reforzado el optimismo entre ciertos fondos especializados y gestores de deuda en dificultades. Según analistas de mercado, si el saldo político favoreciera un cambio de gobierno o permitiera una reestructuración ordenada de la deuda, los precios de recuperación —la estimación de lo que podrían valer estos bonos en un escenario de reestructuración exitosa— podrían escalar hasta un rango del 50% al 60% del valor nominal.
Este repunte refleja no sólo una lectura más favorable sobre el futuro político de Venezuela, sino también la expectativa de que un eventual acceso a capitales y financiamiento externo se traduzca en un alivio de la presión financiera sobre el país. Algunos gestores ven esto como una oportunidad para entrar en un mercado que ha sido uno de los más volátiles y castigados del universo de deuda emergente, similar a otros casos recientes de países que implementaron reformas o salieron de defaults prolongados.
A pesar de estos movimientos positivos en precios, los volúmenes negociados siguen siendo bajos y dominados por fondos de cobertura y especialistas en distressed debt, más que por inversores institucionales de gran escala, lo que mantiene un grado elevado de fragilidad en este repunte.
En síntesis, el mercado de bonos venezolanos opera hoy bajo una mezcla de factores: apetito por riesgo y expectativas de reestructuración, pero también incertidumbre sobre la estabilidad política del país y el rol que actores internos y externos jugarán en su futuro económico. Ese clima híbrido es el que explica tanto las recientes subidas como la cautela con la que muchos inversores se aproximan a esta clase de activos.



